Ley del buen samaritano
Primeros Auxilios y RCP Colombia
El Buen Samaritano: compasión y protección
Tomada de la Biblia (Lucas 10:25-37), la parábola del Buen Samaritano narra cómo un viajero dado por muerto es socorrido por un desconocido que lo cura y vela por él. Más allá de su contexto religioso, transmite un mensaje universal: la obligación moral de socorrer al prójimo en peligro, con compasión y altruismo.
Inspiradas en este principio, numerosas leyes del Buen Samaritano se han promulgado en todo el mundo para proteger frente a demandas a quienes prestan asistencia de buena fe en una emergencia. Sin embargo, el alcance exacto de esa protección varía de una jurisdicción a otra: a continuación encontrará lo que dispone la ley aplicable a su región.
Su proteccion bajo la ley
En Colombia, socorrer no es sólo un deber penal: es la expresión de un principio constitucional de solidaridad (art. 95-2 de la Constitución). El artículo 131 del Código Penal (Ley 599 de 2000), «omisión de socorro», castiga a quien, sin justa causa, omite auxiliar a alguien cuya vida o salud se encuentra en grave peligro. La doctrina y la jurisprudencia precisan que nadie está obligado a exponerse a un peligro inminente: en ese caso, el deber se cumple avisando a las autoridades. La ley enmarca así el gesto de socorro sin exigir jamás el heroísmo.
Obligacion de rescate
Colombia toma este deber muy en serio: la omisión de socorro puede castigarse con prisión de 32 a 72 meses, sin multa alternativa en el tipo base —uno de los marcos más estrictos de la región—. Pero la ley protege por igual a quien actúa: el artículo 4 de la Ley 1831 de 2017 dispone que «la persona que haga uso del DEA no será responsable civil ni penalmente, siempre y cuando haya actuado con un cuidado razonable, con la diligencia debida, de buena fe y de acuerdo a los recursos con los que disponía en ese momento». El mensaje es equilibrado y claro: la ley exige actuar y ampara a quien actúa de buena fe.
Por que la capacitacion es importante
En un paro cardíaco, cada minuto sin reanimación reduce cerca de un 10 % las probabilidades de supervivencia. En Colombia, donde la ley exige actuar y a la vez protege a quien usa un DEA de buena fe, sólo falta una cosa: saber cómo hacerlo. Formarse en RCP y primeros auxilios lo coloca con serenidad en el primer eslabón de la cadena de supervivencia, sin temor jurídico y con la precisión que salva. En un país que hizo de la solidaridad un principio constitucional, aprender a socorrer es encarnar su promesa más concreta.